CAJAS DE LUZ malabar plum



Hoy le he llevado una caja de luz a mi amiga Maia. Nos conocemos hace poco y de momento no me quiere dar un beso de bienvenida. Todavía no confía en mi.

Cuando llegamos con la caja todavía tenía mocos, pero luego ya vino toda guapa sin moquitos.

Mientras estaba con su mamá, nos metimos en su habitación sin que se diera cuenta, y escondimos una de las cajitas de Malabar plum entre sus juguetes.

Sus muñecos rápidamente aceptaron la cajita en el grupo, y entonces, la encendimos. La habitación estaba a oscuras y todos los muñecos dormían. Entre una montaña de peluches y muñecas estaba la cajita de caperucita, iluminando a los amigos de Maia. Nos quedamos un rato viéndola y luego nos fuimos.

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Mariana volvió al salón a su lado y yo fui a buscar la cámara. No teníamos ni idea de lo que iba a suceder, pero teníamos un plan.

Su mamá le había cogido su muñeco preferido en un descuido y se lo habíamos puesto en su habitación, que estaba a oscuras con la cajita encendida.

Y entonces Maia se percató de la ausencia de su amigo. Se había ido. Empezó a mirar entre las piernas, por delante, por detrás, se agacha, no está. Manos en jarra, umm. Claramente Maia no estaba dispuesta a pasar el rato sin su amigo.

Sin decir nada, empezó a caminar en dirección al dormitorio, la casa de los muñecos. El dormitorio estaba a oscuras pero se podía ver gracias a la caja de luz. Nada más entrar se paró a unos metros. No había visto a su muñeco todavía, pero lo mejor de todo es que su muñequito estaba allí, al lado de la caja.

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Hay que ser madre para saber lo que eso significa. “no me lo creo” dijo la madre. Todos aguantábamos la risa, mientras la peque se acercaba al nuevo tesoro.

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La observó con detenimiento. Después de un rato, decidió verla por dentro.

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Abrió la puertecita y se acercó más. Las figuritas de trapo dentro de la caja podían escuchar su respiración. Su respiración era una brisa para aquellas figuritas. Pidió permiso para tocar, pero prometió que lo haría con muuuucho cuidado.

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Luego se quedó pensando. Y entonces, se puso de pie delante de su mamá, puso cara de “sabes que te quiero mucho mami y le dijo, sin aclarar si era una afirmación o una pregunta: yo la quiero, ¿es para mí?

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Tuvo que pagarnos con un beso a cada uno. Ahora sé, que todo tiene un precio, hasta los besos de Maia.

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Si quieres saber más sobre las cajitas conoce Malabar plum aquí: Cajitas de luz